Lo que daría por poder dar marcha atrás. Si volviera a nacer... Pero cómo pudo pasarme esto a mi? Si lo hubiera sabido antes... Ojalá se vivieran las cosas dos veces... me encantaría empezar de cero.
Desde ayer por la noche no hay espacio para otra cosa en mi cabeza. Algo sucedió que me hizo despertar del letargo en el que estaba inmersa. Algo que me hizo abrir los ojos, y como si de grandes ventanas se trataran, vi luz, vi vida, vi que hay otro mundo ahí afuera esperando a que lo viva.
Mi situación no ha cambiado. No amo al chico que daría su alma por mi, y mi corazón continúa palpitando al compás de ese otro arrogante que ni vive ni deja vivir, ni ama ni deja amar, y ni siente ni padece.
Sin embargo, ayer serían cerca de las dos de la madrugada cuando aquel ser insensato, carente de sentimientos, por no dejarle desprovisto de corazón, cruzó mi línea. Esa franja que todos tenemos, ese límite inviolable que nos ponemos, el mismo que cuando alguien lo arrasa desconsideradamente te hace ver luz en las tinieblas.
He compartido con él mi cuerpo y mi mente, he compartido mi cama, le he regalado mi orgullo, mi sentido de la vergüenza, mi dignidad, y él quiere más. Al principio me preguntaba una y otra vez - hasta dónde puede llegar? qué cima debe conquistar para decir -Basta!. Ahora lo sé.
Ayer mientras caminaba seis kilómetros sola en la más plena oscuridad de la noche lo supe. Me di cuenta de que la culpable de todo era yo por no quererme. Por sacrificar mi sueno para estar con él, por preferir volver con la nariz congelada y los pies empapados para arrancarle un par de horas más. Para él esto no es nada.
Allí estaba yo sentada en aquel bar de luces tenues. El barman recogiendo y un grupo de amigos intercambiando historias de unos y de otros. Yo me mantenía al margen, quizá porque por dentro estaba hecha pedazos, quizá porque temía que mis ojos de inundaran de lágrimas de un momento a otro, quizá porque una vez más no encontraba las malditas palabras.
Él estaba contento, riendo y bebiendo, intercambiando hisotorias con esos otros, y cabreado cuando el barman no le dio la última cerveza de la noche alegando que el bar estaba cerrado. Joder cómo puede vivir al margen del dolor?. La noche anterior le entregué mi cuerpo, él tomó también mi alma, y me ha dejado desnuda, vacía.
Cuando creía que me estaba hundiendo una fuerza extrana me hizo darme cuenta de que allí no pintaba nada. Me levanté, me enfundé mis guantes, gorro y abrigo, y dije un tímido "Good Night". Nadie pareció escucharme, así que lo intenté una vez más, ésta vez con un poco más de energía.
Todos me miraron un segundo. Quizá fue menos, medio, y después de dedicarme un fugaz Bye, bye, retomaron las historias en el mismo punto donde las habían dejado.
Abrí la puerta del bar con el corazón en la mano. Roto, destrozado. La sangre que me da la vida corría por entre mis dedos, se escapaba como lo había hecho yo del bar unos minutos antes. Y justo cuando el frio azotaba a mis mejillas y me preguntaba cómo demonios iba a volver a casa, escuché su voz pronunciando mi nombre.
No me giré, continué mi camino. Él ni siquiera caminó dos metros para detenerme, tampoco pronunció mi nombre una segunda vez. No hizo nada.
Fue en ese mismo instante cuando me di cuenta de que para ese hombre, yo, mi cuerpo, mi alma, y mi vida no eramos nada. Continué caminando colina arriba más sóla que nunca, el frío se colaba por todos los orificios de mi cuerpo, y me hacía sentir menos muerta. Mientras tanto, en mi cabeza se revelaban todas aquellas instantaneas que había almacenado mi corazón. Todos aquellos pedazitos de vida que solo para mi fueron tan mágicos.
Después de una hora caminado, llegué al colegio mayor completamente congelada. Mis lágrimas se habían covertido en cristal. De repente vi su coche llegar. Aparcó enfrente de mi y salió del auto como si nada hubiera pasado. Yo no quise ni mirarle, abrí la puerta y me fui.